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Raíz

Estaba ahí removida la última y más pesada de las piedras. Para qué los trabajos y las noches el culto a lo que dicen que hay que hacer la inútil construcción de eso que llaman vida. La inútil rebeldía, la distancia, más inútil todavía. Me llevo conmigo sin medida.

Sesgada

Cómo expulsar al miedo de esta morada. Si son mis manos rotas, secos testigos de esta desgracia. Si son mis ciegos ojos lúgubres pájaros que a nadie engañan.

Rebeldía

No me quedo conmigo, ya no me quedo. Me gana otra vez la máscara, el teatro lastimero. Pero esta vez no quiero. No quiero ceder al impulso de abandonarme en silencio. De verme desdibujada, en esos viejos espejos.

Caminante

Mutilada nací, o me hice, rodando por los caminos ciegos. ¿Dónde dejé el amor que me arranqué esa tarde del turbio pecho?

Otra

Finalmente se ha asfixiado todo lo que sucedió como en un sueño. Otra, por supuesto, parece que camina a veces por esos surcos tiesos. Irreal mi voz, mis circunstancias, mis pasos en alguna calle ya lejana.

Lejana

Yo y el espacio algo escurridizo de noviembre, el espacio algo escurridizo de mi cuerpo, mi mente... Lejos, la tarde enmarañada de la lluvia, la tierna pena del primer amor, las risas en el patio lleno. Lejos la llanura de tus besos, el Olimpo de absurdas esperanzas, lejos. Y ahora, como en una inconcebible fila arrebatada, una tras otra, las penas de mis días, los mal pronunciados juramentos. El silencio atroz que siempre se hizo carne, las tardes de innumerable tedio, y las otras,  vorágines del caudaloso río. Mis horas pasadas, las bravías, la juventud llovizna, y la tensa cobardía.

Encierro

El punto álgido es el presente, cuando en la media vigilia, el medio sueño se puebla de media pesadilla. Sucumbir en la atroz trampa de la mente, rodearse de fantasmas, frágilmente estremecerse...