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Sábado

Es sábado y cae silenciosamente la nieve. Abiertas las cortinas veo su sutil caricia en el aire en el suelo. Engañosa su suavidad si sigue así lento y constante puede acarrear la fuerza de los mares, cerrar las calles los caminos tirar los árboles, dejarnos tras las puertas impotentes. Tengo una piedra en la garganta.

Podio

Me levanté clara me levanté nueva me levanté blanca. Caminé segura casi esperanzada. Y llegué a destino mis ojos temblaban. Volví dolorida ahora sí clara ahora sí nueva un poco más libre más bien liberada. En ese destino en esa llegada no quedaba nada.

Vigilia tensa

Hormigueo de zapatos cojos. Noche de insomnio inacabado. Carilla espesa de susurros flacos. Un manojo de miradas agrias me da el espejo taimado. Las pupilas quieren ver a esa mujer que alguna vez paladeó la derrota.

Despedida

Tiemblan perdidas las tardes que ya no serán. Esta es la última noche lo saben tus pupilas. Perdiste la última batalla contra la injusticia. Perdí con vos el tierno despertar el suave atardecer el sereno transitar de las horas. Te dejé, por un rato en la muerte. Con tus pupilas apretadas agrandadas elocuentes. Te dejé en la muerte.

Comienzos

Trizas de humanidad en este mar de subsuelos Un piso más bajo más denso. Un poco más sola. Un poco más muerta más triste más cierta. Y luego la chispa la mano el pecho del otro, el mío que late de nuevo.

Afuera

Afuera soplan fuerte los vientos hay agua de temporales deriva tormenta choque amarguras inclemencia. Duele la intemperie. Afuera pinté esferas pirámides atardeceres rompí espejos y espejismos suspiré gemí grité. Fuera, afuera sentí la fuerza inacabable de la insobornable libertad.