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Dos versiones de la vida. Sur, feminismo y después...

Exilio versión 2007
Exilio Versión 2018

El tiempo pasa, absoluto.
Pasan los días, los soles, los climas,
cambian las lunas, para volver a cambiar, y ser las mismas.
Pasan los niños, los jóvenes, pasan  y son luego hombres.
Pasan las navidades, los cumpleaños,
los temores, los casamientos.
Pasan los amores, las ilusiones,
las revoluciones triunfan, y fracasan,
y se caen, y se levantan.
Vencen los injustos, y luego son vencidos,
ganan los buenos, para perder de nuevo,
y pensamos que un átomo es un átomo,
para saber después que son partículas,
y las partículas, hechas de otras partículas.
Pasan los vientos, y los huracanes,
las auroras y los atardeceres…

Pero sigue siendo jueves, sigue siendo martes,
sigue siendo viernes, para ese olvidado,
para ese que ese día ha dejado de moverse
con el movimiento perpetuo,
para ese que mira, desde la orilla,
cómo es eterno y circular,
el devenir de las cosas,
mientras él, que no ha satisfecho su orgullo,
que sabe que morirá sin novedades,
que espera la visita de un perdón esquivo,
lamenta estar en ese costado tieso del camino,
lamenta la noche fría del desencanto,
lamenta la certeza de la impotencia,
de la impotencia de todas sus potencialidades.
Lamenta y solo puede lamentar.
Saber no puede ser otra cosa que su condena.

Sigue siendo jueves
sigue siendo martes
sigue siendo viernes

para esa olvidada
para esa que
ha dejado
de moverse
con el movimiento perpetuo

para esa que mira
desde la orilla
cómo es eterno
y circular
el devenir
de las cosas.

Mientras que ella,
que no ha satisfecho
su orgullo,
que sabe que morirá
sin novedades
que espera
la visita
de un perdón
esquivo,
festeja estar
en ese costado
pleno del camino,
festeja la noche
fría
del desencanto,
la certeza de
la impotencia.

Saber
la suelta
de su condena.




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